sábado, 18 de julio de 2026

Origen y destino .....



El montañismo, en su breve historia ha pasado por distintas etapas, por lo exploratorio, lo deportivo, lo épico, lo bohemio, lo comercial, la afición, lo espiritual, la profesión y en algunos casos hasta ha rozado lo sectario, es difícil definirlo en general y cada expresión es, a su medida, valida y legitima.

En sus orígenes tal como lo conocemos hoy, sobre el final del siglo XVIII, aparece junto a la impronta de la flamante burguesía inglesa, que en función de sus ambiciones de supremacía, la búsqueda de escapar a las tensiones de una sociedad que cambiaba vertiginosamente, curiosidad ilustrada o una forma de templar el carácter para enfrentar las decisivas batallas sociales que, esa nueva clase ascendente de Inglaterra, debería enfrentar en su misión de contener al proletariado que organizado reclamaba sin cesar debido a la desproporción de los esfuerzos a los que eran sometidos y también lo duro que resultaba ganar espacio en el traspaso del poder hasta ese entonces en manos de la aristocracia y la realeza que no cedían sin fricciones y encontronazos.

Fue así que el “Gran Tour” creado por la aristocracia británica para respirar otros aires y contemplar otros paisajes se le sumo Chamonix y se convirtió en mucho más que un paseo por los valles montañosos de Francia y Suiza, en principio despertó el interés por comprobar algunas teorías fisicoquímicas, atmosféricas y geográficas planteadas como consecuencia de la ilustración, movimiento que encontró su institucionalización en la Royal Societe y que influyó de manera significativa al conjunto de la sociedad. Una vez superado ese estadio dejaron los tubos de ensayo, los pesados aparatos de medición y se proclamó el desafío de las cumbres como una afirmación, un escape o como una conquista.  

Acometieron las montañas con la misma lógica que gestionaban sus fábricas, buscaron gente dispuesta a hacer el trabajo pesado y riesgoso a cambio de unas libras y encontraron en los humildes campesinos de los valles alpinos un grupo de aliados que venciendo la superstición y el miedo estuvieron muy dispuestos a acompañar a los señores en sus conquistas, empezaron llevando bultos y sugiriendo el camino hasta convertirse en guías de montaña con capacidad para tomar las decisiones que muchos señores no estaban dispuestos ni preparados para tomar.   

Pasó casi un siglo de conquistas en todo el arco alpino y los guías edificaron sus organizaciones y corporaciones, también una cultura que los instalaba como imprescindibles en la lógica de ese alpinismo primigenio, hasta que Albert Frederick Mummery expuso su idea de “por los medios justos“ (by fair means), probablemente influenciado por el poeta William Blake quien ya en el siglo XVIII había escrito en ese sentido; con esa idea sustentaba su revolucionario postulado del alpinismo sin guías y fue tan influyente, innovador y transformador que Hermann Bull y Reinhold Messner, posteriormente, lo han calificado como el fundador del alpinismo moderno. Su idea de ascender sin guías fue considerada un acto temerario a fines del siglo XIX, paradójicamente, tal cual es considerado en estos días del siglo XXI.

Desde los comienzos, mientras Balmat y Packard ascendían el Mont Blanc, como la vida misma, el alpinismo fue evolucionando influenciado por los cambios que provocan los movimientos socio culturales, cambios que son el eje de una sociedad que se transforma. Mummery con sus ideas rescató la componente épica, heredada de los ancestrales valores exploratorios, expedicionarios y aventureros, dentro de las etapas por las que pasó, en el transcurso del siglo XIX tanto la ilustración en principio y luego el romanticismo, que surgió como contrapartida, lo influyeron significativamente y en el siglo XX también fue afectado por el nacionalismo y otras corrientes ideológicas. Luego de la Segunda guerra se redefinieron varias trayectorias sutilmente diferenciadas, el ski bastante hermanado en general, tomó distancia del alpinismo y la escalada sobre roca recibió la influencia de los movimientos de la cultura juvenil con ciertos componentes derivados de los aportes de Aleister Cronwley entre otros, posteriormente en la madurez del siglo, del positivismo marxista, en la Unión Soviética, recibió presiones y contribuciones para adaptarlo al panteón de los deportes con reglas y con potencial de conseguir medallas honorificas que justificasen las inversiones y esfuerzos hechos por el colectivo, fue así que se promocionaron por primera vez las competiciones entre escaladores, lo que generó un pequeño escándalo y fuertes discusiones entre los más conservadores alpinistas de Europa para quienes la competición mancillaba el espíritu y el honor de la actividad, pero la historia es implacable y la escalada deportiva de competición, ciertamente lejos de los principios fundacionales, creció hasta hacerse regulada y reglamentada, fundar su propias organizaciones de representación y fiscalización hasta alcanzar el olimpismo y con ello un nivel de popularidad y aceptación que la igualan a otros deportes emergentes. También, sobre el final del siglo, algunas secciones del alpinismo fueron tomadas por varios innovadores modelos de competición, los llamados deportes de aventura y entre ellos una práctica que había sido parte de las rutinas de los primeros alpinistas que empezaron a entrenar fuera de los ascensos en sí mismos, como era la tradición, promovió el desarrollo del atletismo por senderos de montaña, actividad que al igual que escalada deportiva tomaron sus propios caminos.

Dentro del montañismo continuó, motorizada por los representantes más destacados, habilidosos y experimentados, la búsqueda de reconocimiento, consolidando a la vez la idea de hacer lucrativas estas actividades y por ello se orientaron a la profesionalización para conseguir recursos con que subsistir o financiar logros de alto impacto, fue así como se originaron varios estilos, algunos han obtenido mayor reconocimiento y prestigio, seguramente bien ganado y subsisten al día de hoy en conjunto con otros mucho menos notorios, siendo cierto, también, que se cruzan en muchos puntos y que la sombra de la confusión los hace parecer más o menos lo mismo a los ojos del gran público.

Por un lado, junto con la expansión del turismo en la naturaleza se consolidó el sector de las guiadas, en el cual los habilidosos y experimentados continuaron ofreciendo sus servicios a personas que no poseían las cualidades ni atributos necesarios para la práctica del ascenso o la escalada, esto creó innumerables corporaciones y empresas de guiado y se nutrió del segmento de los clientes, quienes impulsan la dinámica financiera de la actividad a cambio de experiencias memorables, empaquetadas, algunas incluso bajo normas ISO.

Otros, un exclusivo grupo, en cambio, más apegados a los desafíos personales, atentos al desempeño cualitativo, recurrieron a una mayor deportivización para tratar de catalogar y jerarquizar sus logros haciendo hincapié en ciertos códigos con la clara intención de simular la regulación existente en los deportes más convencionales, direccionando su hacer al ámbito de los medios de comunicación, tratando de popularizar sus hazañas y récords, para llamar la atención de posibles patrocinadores. Nada es ilegitimo, tan lineal ni departamentalizado y los límites de estos estilos son, en ocasiones, poco claros.

Definir el alpinismo actual también es una tarea difícil, si observamos como arriban las personas a la actividad comprobamos que para algunas personas es una experiencia que nace de expectativas o anhelos intrínsecos, como: curiosidad, ambición, satisfacción, afirmación, reconocimiento, egoísmo y/o amor propio, una búsqueda que a través del contacto con los elementos de la naturaleza, en uno de los escenarios quizás más intimidantes y bellos del planeta, pretende expresar una carga emocional expansiva, desplegando capacidades psicofísicas excepcionales, imponerse o adaptarse a las fuerzas de la naturaleza, construir autoconfianza y prestigio personal como consecuencia de alcanzar desafiantes objetivos, en consecuencia con estas experiencias, casi en las sombras a medias visible y poco reconocida, persiste otra tendencia que matiza el universo del montañismo, una especialmente rescatable y valiosa, tal vez invisibilizada y postergada por su aspecto bohemio, espiritualista o naturalista, que sin descuidar el sentido cualitativo que otorga la dificultad, el aislamiento y el peligro no corre tras los récord ni los titulares en la prensa, es el montañismo de aficionados quienes gozan del hándicap que se otorga al que se dedica esporádicamente, este estilo no persigue la profesionalización, siendo un tipo de alpinismo más personal y a veces cargado de sentimientos, inspirado en tradiciones de tiempos inmemoriales, que arriban narradas en fogatas y ventiscas que hablan de hazañas y catástrofes, de héroes y miserias. Esta tendencia es la más apegada a los valores de Mummery, se sustenta en la épica como razón para subir montañas y las búsquedas transitan el campo introspectivo de cada uno, la espontaneidad de la camaradería y la sensación abrumadoramente satisfactoria de la construcción de equipos poderosos, está muy claro que estas experiencias nunca se alcanzarán marchando detrás de un guía o baqueano, porque la toma de decisiones en conjunto en medio de la incertidumbre, el peso de la responsabilidad, el compromiso y el compartir sin eufemismos, proporcionan el marco basal de la experiencia vital de alta intensidad, que es el único premio en este estilo.

En los últimos veinte años se ha modificado la forma de arribar a estas actividades, el faro que más atrae es un mensaje creado por expertos en marketing, copyrighters, community managers y asesores de imagen corporativa, un llamado hecho a través de los medios de comunicación y redes para promocionar un producto convincente, capaz de convocar masivamente, bien adaptado a las normas del mercado, prometiendo: seguridad, confort, resultados y bienestar, es la versión más sofisticada del turismo de montaña, convocando clientes perseguidores de experiencias emocionantes y también a un innovador lote de atletas, provenientes de esa actividad alumbrada después de un encuentro virtuoso entre el rozagante alpinismo y el abuelo atletismo, llamada “trail running”, que quieren ir muy rápido cuesta arriba, sin tener que lidiar con la logística, las decisiones tácticas ni la incertidumbre propia del viejo alpinismo. Este segmento, del turismo activo que es en sí mismo una promesa de buenos negocios, a la vez, ofrece una salida laboral con buenos ingresos, atrayendo a algunos con una relación más o menos sentimental con las montañas y a muchos que persiguen las promesas económicas, más satisfactorias que la minería, la agricultura o la ganadería, esto ha generado la fundación de un sin fin de escuelas de guiado, fundadas y dirigidas por los más destacados, habilidosos y experimentados, que promocionan carreras cortas con salida laboral y altos ingresos. En esta simbiosis, son los clientes quienes depositan su confianza, su billetera y sus esperanzas en las capacidades logísticas de las empresas de turismo activo. Obtienen a cambio experiencias de valor y mayormente pueden exhibir inmerecidos logros al amparo de la confusión que subsiste alrededor de estas actividades, al punto, que algunos tienen la osadía de dar conferencias de toma de decisiones cuando su única decisión trascendente en el ámbito del montañismo, ha sido la correcta elección de la empresa que les provea certidumbre, confort y contención.

No hace falta indagar mucho para detectar un abierto contraste entre el montañismo guiado, convertido en “producto montaña” y el de los aficionados con vocación de autonomía e independencia. Este “producto” no es nuevo, pero al adquirir dimensiones de industria global en las últimas dos décadas, ha colonizado la cultura de montaña y a través de la acción combinada de las empresas de turismo activo, las corporaciones de guías, la industria de equipamiento, vestimenta y accesorios, los medios de comunicación y los funcionarios ocupados de proteger a los “simples mortales” de su propia incompetencia, ha puesto cercos conceptuales y también legales al acceso a las montañas.

Solo un puñado de organizaciones y un contingente poco numeroso y marginal de montañistas independientes sostienen los ideales del alpinismo no guiado que se estrella contra las regulaciones y restricciones, porque necesita libertad e implica responsabilidad. Los clubes y asociaciones, en su mayoría, han sido afectadas por la ausencia de argumentos consistentes, la falta de integridad, las contradicciones como "montaña libre y segura" y los compromisos ideológicos y pecuniarios, por lo que la mayoría ha arriado las banderas de la iniciativa propia, la toma de riesgo, la autonomía y la responsabilidad. Por afinidad, comodidad o conveniencia han optado por sumarse al contexto paternalista del poder que te cuida, que te quita artificialmente el peso de la responsabilidad, que otorga dadivas para consolidar su influencia y así, amablemente, imponer restricciones y regulaciones que tratan de equiparar al montañismo con las exigencias de cualquier otro producto del mercado y en conjunto con las empresas de turismo activo ponerlo a la altura de las expectativas de funcionarios afectados por la fobia a cualquier tipo de sufrimiento o dolor que se espantan ante la toma de riesgo, la adversidad y la incertidumbre, convencidos que es así para todos, porque por décadas han influenciado a los sistemas educativos, culturales y hasta de justicia para crear las condiciones que faciliten la opción de la debilidad y el culto por el confort como estilo de vida mayoritario casi excluyente, hecho que surge de sociedades en las que prevalece la abundancia y la estabilidad, por eso: urbanizando, restringiendo, normalizando y regulando, tratan de quitarle el peligro, la incertidumbre, la adversidad y la inestabilidad que le son propias a las montañas, lo hacen; unos para vender más y los otros “por nuestro propio bienestar” porque para ellos somos osados, inconscientes e incompetentes que debemos ser cuidados, tal como está expresado en la biblia del paternalismo libertario, la obra de Cass Sustein y Richard Thaler publicada en abril de 2008 bajo el título “Nudge”. Son estas personas, funcionarios, empresarios y emprendedores las encargadas de marcar el camino para las masas de “humanos”, porque ellos serían los “econos“ en esta ecuación y por ende también recae sobre tan iluminada vanguardia signar a las ovejas descarriadas denostarlas y hasta perseguirlas, mayormente por resultar molestas y poco constructivas para sus ambiciones de poder, sus modelos de negocios o simplemente su filosofía de vida; en definitiva, porque atentan contra su vocación de controlar y someter.

lunes, 11 de marzo de 2024

Cancha Cancha

 






Un día en el Valle Sagrado de los Inkas, después de desayunar, hablar y recordar, caminamos por las calles angostas de Urubamba y nos fuimos hasta el grifo (estación de servicio) que está sobre la ruta que transcurre paralela al rio Urubamba y une todos los pueblos desde Ollantay Tambo hasta Pisac y sigue internándose en los Andes remotos del sur. Subimos a una combi y apretados viajamos unos quince minutos hasta Huarán. Allí averiguamos por un auto que nos dé un aventón de unos kilómetros pero era domingo y no hubo ofertas así que dispuestos a caminar compramos unos caramelos y cargamos agua. El camino se convirtió rápido en sendero y la belleza del paisaje con grandes árboles y arroyos cayendo de unas montañas reciamente clavadas en el cielo color ceniza, parecían componer una especie de cuadro armonioso, en el nos íbamos combinando con los colores a medida que ganábamos altura. A mitad de camino, encontramos a unos chicos jugando con bolitas, unos pibes muy bien adaptados a ese medio donde caminar muchos kilómetros es el pan de cada día, para cuidar los ganados, para buscar leña, para ir a la escuela y para jugar a las bolitas, los miramos y conversamos unas palabras con ellos, observamos su juego, nos despedimos y continuamos subiendo tras la comunidad de Cancha Cancha que está a 4000 m.s.n.m. y a unos 10 Km. de la carretera. Justo cuando la pendiente se hizo más suave e inmediatamente luego de cruzar un arroto, en medio de un descampado, una señora vendía artesanías y cerveza, le compramos cerveza y preguntamos por Julián Quispe, el líder de la comunidad a quien queríamos ver. El caserío está como puesto encima del pasto eterno de una pradera llana, y desde el centro de esa pradera veíamos a gran altura sobre los cerros, a las llamas y alpacas acompañadas por algunos pastores. Tal vez tentadas por pastos más suaves o más sabrosos los animales habían trepado a unas pendientes muy fuertes, seguros, como si fuesen de allí desde siempre al igual que los chicos que las acompañaban. El conjunto de perfiles de agujas de piedra nevadas, los árboles y la luz jugando sobre las superficies milenarias, le quitaban un poco de realidad al evento y obligaban a reparar cada tanto en un ejercicio, que al menos yo, hago cuando me afecta la altura: hacer una composición consiente del lugar, establecer distancias, texturas y reconocer claramente la posición de uno en ese sistema, lo hice porque sentí una especie de ensoñación aunque aun no habíamos tomado la cerveza que estaba guardada en una mochila.

Nos acercamos a un edificio de unos ocho por cuatro metros con techo de ichu, el pasto de América del sur, el que está en todos los Andes con diversos nombres. Un joven quechua nos recibió, el era Julián Quispe el líder de la comunidad que consta de unas diez familias que enfrentan las duras condiciones de la altura con infraestructura del siglo XVIII, aunque también se acuestan y se despiertan en esa belleza sin igual y sobre todo, están muy bien adaptados, son parte de ese mundo y se les nota en sus sonrisas, su mirada y sus impenetrables silencios.

Nos invitó a pasar a través de una puerta bastante baja, aun para mí que no soy muy alto. Dentro, la oscuridad apenas rota por un minúsculo fuego que ardía en un extremo y al pasar el umbral de inmediato un escalón hacia abajo. Nos sentamos frente a Julián y sus hermanas que no hablaban español, se reían mucho y escuchaban a su líder hermano. Sobre el fogón construido de tierra, había dos ollas negras, tan negras como el cielo raso cubierto por el hollín, ya que la única ventilación es la permeabilidad del techo de ichu al paso del humo.

Tratábamos de entendernos, con las limitaciones propias de no compartir el idioma ni la lógica lingüística difícil de descifrar de estas amables personas, eso lo sabía, ya lo había vivido antes en otros tiempos. Una charla, las miradas que contienen algo de incredibilidad e inocencia, el humo, los olores propios de la vida rural, lo que ya había visto afuera, todo eso fue como un shock de memorias que me transportaron velozmente a un pasado casi olvidado, los viejos tiempos en que dediqué tanto esfuerzo a la instauración del totalitarismo marxista en este continente, en esos años pasé por muchas charlas con esa estética y esos olores, mismas miradas, lo bueno es que ahora no les traía ninguna solución, ninguna propuesta, ninguna artimaña semántica para despertar su resentimiento, simplemente quería compartir un momento y si mi corazón y me mente me lo permitían llevarme algún aprendizaje, eso me hizo muy bien, antes se me apretaba el corazón cuando lograba convencerlos.

Miré al piso y atrás mío y en lo que restaba de habitación todo estaba cubierto de cuyes, hámsteres, que los campesinos crían al calor de sus hogares, porque son muy delicados de salud y sirven para muchas cosas, para descubrir la enfermedades tras unos pases chamánicos abriéndoles el vientre y observar en sus vísceras las marcas que han transferido enfermedades de quien está siendo auscultado con ese método, para hacer picante de cuy que sabe muy bien y tal vez? no, seguro que no lo saben, que en la cosmovisión de los tres mundos incaicos el jaca, el cuy, representa al hombre y su sacrificio, no, eso no lo saben.

Después, Julián aportó lo suyo para que no me olvide de él. Era 24 de junio y es un dato relevante.  Andrés le preguntó si allí habían hecho algún festejo por el "inti raymi" - como se hizo el 21 en Cuzco y otras muchas ciudades - Julián miró con gesto interrogante y solo dijo: ¿hoy?, Laura y Andrés lo miraron. Yo respondí: hoy, sí; hoy dijo Julián, hoy es la fiesta de San Juan y una catarata de ideas cayeron de mi atosigada cabeza llena de mierda y post verdad, pensé en la festividad que impusieron, a base de tormentos y amenazas, los conquistadores católicos para separar a estos pueblos de su identidad, destruyendo el núcleo ético mítico de su cultura, en los albores de las grandes operaciones de inteligencia de masas. En las ciudades, de hoy, grupos más intelectualizados, en general con un sesgo anticapitalista, han recuperado y explotan esta contradicción, en ocasiones convirtiendo estas festividades en una pancarta del post marxismo. Guardé silencio, me alegré del presente, miré los cuyes que andaban por la habitación. Conversé del pasto, de la belleza del lugar, no podía decir ninguna otra cosa que no fuese una hipocresía o una mentira. Apuré la salida del lugar, nos invitaron a comer algo, unas papas sancochadas, lo agradecimos. Salimos, suspiré como queriendo vomitar los recuerdos que inundaban mi mente. Nos alejamos; bajo unos queñuales y sobre unas piedras grandes, tomamos unos mates y después la cerveza en una canchita de fútbol con un solo arco, debe ser difícil armar un equipo en ese lugar, la gente joven se va a los valles, a los pueblos o a las ciudades y esas comunidades pronto serán parte del pasado, absorbidas por la maleza y el olvido, solo recordadas en las costosas Go Pro de los trekkers que seguirán pisando esos senderos como parte de un producto llamado turismo cultural.

Bajamos, oyendo el agua del arroyo y yo pensando si vale o no la pena contar estas cosas, bueno, vos sabrás…

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Promesa de seguridad

 

                     ... fragmento de la primera parte del libro .. 

No podemos desconocer que quienes se dedican, organizan y/o promocionan el montañismo o alpinismo por darle un nombre de deporte, se encuentran sometidos a los paradigmas y mandatos que sostienen al conjunto de la sociedad, en este caso las ideas de protección y control que promueve la dirigencia política. De ellas emanan conductas y actitudes que definen el hacer en muchos campos.

Naturalmente influenciadas por estas corrientes, muchas organizaciones de montañismo y aventura, sean clubes o agencias de turismo activo, durante años, han ido adaptado el mensaje y por su puesto las actividades mismas, a los márgenes que establecen estas ideas muy bien argumentadas y con un sesgo de paternalismo en su formulación, esto ha potenciado la decadencia de las expediciones autónomas no guiadas, muy comunes hace unas décadas, cuando se las veía por diversas cordilleras y eran motivo de orgullo y motivación en los clubes y asociaciones, las mismas que ahora se resisten a promover este tipo de actividades por considerarlas demasiado peligrosas, claro; realmente lo son y es la naturaleza del alpinismo, porque el peligro y la dificultad son su sentido cualitativo. Esto que pasa no es causa de un mal modo de pensar ni mala fe de los dirigentes, simplemente responde a lo influyentes que son esas corrientes que emanan de los elaborados argumentos de una intelectualidad muy particular y que han calado hondo en las administraciones de poder y en la cultura de este siglo. Por ello, los dirigentes y referentes del mundo de las actividades de montaña, muchas veces sin ánimo de profundizar en estas cuestiones por pereza, por compartir tales creencias o por no tener vocación de confrontar en el plano ideológico, han sometido su accionar, recurriendo una y otra vez a promesas de seguridad.

En el sentido del peso intelectual de los argumentos, me parece interesante considerar dos aspectos que expone Daniel Kanheman en "Pensar rápido pensar despacio", a saber:

La sospechosa idea de la existencia de dos modelos de mentes, que da como resultado dos grupos bien diferenciados de personas, los econos; capaces de poner en marcha su mente basados en estadísticas y cálculos ajustados a los hechos lo que les permite tomar buenas decisiones y los humanos; incapaces de pensar correctamente, sesgados y con dificultades para hacer funcionar la mente en sintonía con la lógica estadística, a quienes su incompetencia los hace susceptibles de ser manipulados y engañados por terceros más hábiles que ellos. Como una forma de subsanar esta tremenda desventaja de los “humanos”, otros pensadores, en este caso: Richard Thaler y Cass Sunstein, crearon un método para prestarles auxilio y evitarles las dolorosas experiencias derivadas de su propia incompetencia y escasa capacidad de tomar buenas decisiones, ellos escribieron el libro titulado: Un pequeño empujón, (Nudge) considerado la biblia de la economía conductual, en el desarrollaron y pusieron a punto la idea del paternalismo libertario, un método que permite intervenir en el campo de toma de decisiones de las “personas comunes”, sin coartar, teóricamente, su libertad, con este novedoso método lograron seducir al ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama quien los consideró tanto, que invitó a Sunstein a trabajar como administrador de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios.   

De manera concordante con el párrafo anterior también se menciona en ese libro el principio de precaución, adoptado en Europa, dentro del pensamiento y la acción jurídica, una doctrina ampliamente aceptada que crea un … “contexto regulatorio para el riesgo. Imponiendo toda la carga probatoria de la seguridad a cualquiera que tome iniciativas que puedan perjudicar a personas o entornos” ….  “especificando que la ausencia de pruebas científicas de daños potenciales no es justificación suficiente para asumir riesgos”.

Algunos opinan que la aplicación extrema de este principio puede paralizar toda innovación y tienen razón, bajo este precepto no hubiesen sido posibles la mayor parte de los adelantos que nos permite vivir de manera civilizada en este momento, tener tiempo y medios para pensar y escribir estas cosas.

En un entorno dominado por ese tipo de ideas, las organizaciones que no han desarrollado un pensamiento político filosófico profundo, consistente y contrastante con tales propuestas, cómodamente dan continuidad a la corriente, en el caso de las actividades de montaña el proceso de adaptación a la propuesta de un sistema de protección para los alpinistas "humanos", en este caso ha incluido tres líneas principales: la urbanización del ambiente de montaña, el incremento de la tecnología disponible y la especialización y normalización, con ello consiguen dos recompensas: una, no irritar a quienes gestionan políticas públicas que se ocupan de la “seguridad y longevidad” de las personas, preocupados por aquellos que quieran escapar de su sistema de protección y control y dos; alcanzar la masificación de las practicas, que garantiza una más eficiente gestión financiera con proyección de crecimiento del segmento y de los ingresos.

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Es preciso sostener con absoluta claridad, que esas prácticas están muy lejos de los valores del alpinismo clásico, de la verdadera aventura y del sentido de exploración, y que a los fines de ubicarlas en un segmento identificable de las actividades humanas deben considerárselas como parte del movimiento turístico y recreativo en todas sus formas.  

La libertad no es una mera idea, una linda abstracción, más o menos adorable. Es el hecho más práctico y elemental de la vida humana. Es tan prosaico y necesario como el pan. La libertad es la primera necesidad del hombre, porque consiste en el uso y gobierno de las facultades físicas y morales que ha recibido de la naturaleza para satisfacer las necesidades de su vida civilizada, que es la vida natural del hombre, por excelencia.                         

                                                                                  Juan Bautista Alberdi

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Desde que Albert Frederik Mummery en el siglo XIX, sostuviera sus ideas de by fair means" (por medios justos). Muchas personas nos hemos inclinado por este estilo que rescata la autonomía y la independencia como elementos esenciales de un proceso que persigue la libertad y plenitud del individuo, lo hacemos aun enfrentando la oposición de un entorno social, que para afirmar su paradigma colectivista impone un sinfín de complejos, produciendo un alarmante decaimiento de la iniciativa propia, lo que ha creado infinitos lazos de dependencia y perdida de la autoestima. La filosofía que inspira al alpinismo clásico contradice abiertamente a ese paradigma, por ello, encontraremos oposición incluso en el seno mismo de la comunidad montañera, donde un segmento importante se opone al estilo autónomo, argumentando con la lógica propia de un medio cultural que desconfía de la capacidad individual y en el que la responsabilidad personal tiende a diluirse en un andamiaje semántico de derivaciones sociales e históricas, imponiendo que el “bien común” está por encima del individuo y que por ello no es legitimo arriesgar, ya que uno no tiene control personal sobre su vida, sino que alguna autoridad, más sabia e iluminada, con visión general sobre el grupo de pertenencia, tal vez la “tribu”, debe mensurar esos riesgos, porque no puede perder engranajes de esa maquinaria humana llamada “colectivo”. Así, los brujos de la tribu, a través del paternalismo ya sea fascista, marxista, libertario o una combinación de ellos, nos ayudan a no cometer torpezas, a no dejarnos engañar por desconocidos, en definitiva; a no visitar la zona prohibida, porque allí está Baba Yaga. Ese paternalismo no es otra cosa que poder, una forma de influencia que opera ofreciendo protección a cambio de sumisión y que difunde y aplica la idea que sin su control, se pierde el sentido mismo de la vida y que cualquier empresa solitaria y autónoma constituye un desprecio por el “colectivo” y sus “elevados intereses”, esto se verifica cuando efectivamente ocurren accidentes letales y desde distinto sectores, a veces ni siquiera vinculados al montañismo, se elevan reclamos a esas autoridades; por no haber cuidado bien sus ovejas, porque en este sistema de ideas vigente, se los considera dueños de las vidas de los miembros de su rebaño y por ende de su cuidado, sin tener en cuenta siquiera la responsabilidad individual.

La autonomía tiene como condición sine qua nom a la libertad y la principal herramienta para gestionarla es la responsabilidad, así la toma de riesgos se convierte en una parte central que debe ser definida. Se trata básicamente de un asunto personal, porque más allá que se compartan criterios con el equipo, frente a un obstáculo se decide, se elije individualmente y esto contraría, no solo, al pensamiento colectivo, sino que al tomar en las propias manos y no delegar la creación de seguridad, comodidad y previsibilidad, se opone a los paradigmas que sostienen a las sociedades modernas, exitosas en muchos aspectos, pero que de a poco han ido pasteurizando la vida, convirtiéndola en una larga e insulsa existencia. No respetarlos y no delegarlos, materializa la abstención de sumarse a la carrera del miedo que moviliza y justifica el ejercicio de la protección y la regulación, que da sentido a una burocracia paternalista y asfixiante. Por todo esto, no vamos a encontrar un medio propicio para que se desarrolle la conducta expedicionaria autónoma, sin enfrentar resistencia, sin provocar irritación y molestias. Muchos se opondrán, porque esta actitud contrasta con lo asumido como normal, aun cuando la libertad como discurso sea de uso cotidiano. Ciertamente estas cuestiones, exceden en mucho el campo específico del montañismo y la aventura, pero debemos sumergirnos en estos temas o en poco tiempo más ya no habrá acceso a las montañas, desiertos, lagos y espacios abiertos, simplemente por el ejercicio del poder, con la promesa de una "supuesta" eliminación del riesgo a base de regulaciones, restricciones y controles que no son otra cosa que raciones de esclavitud para quienes estás distraídos, son lo suficientemente ingenuos o se sienten cómodos en el rebaño.

sábado, 5 de agosto de 2023

Montañismo clásico al limite ...


 La actual crisis del montañismo autónomo, resumida en el reclamo sustancialmente vacío de "montañas libres", lamentablemente afecta a un grupo cada vez más reducido de personas y de forma cada vez más severa, porque culturalmente se ha consolidado el guiado como práctica habitual y excluyente, desplazando al montañismo autónomo basado en iniciativa individual, ambiciones y sueños de los aficionados, posicionándolos en un plano de marginalidad, sujetos a críticas y burlas, con un expectante público a la espera que les ocurra una desgracia para poder reiterar lo equivocado de elegir ese estilo, aunque en términos de seguridad y accidentes ambos estilos comparten casi idénticas estadísticas.

La creciente profesionalización, comercialización y estandarización de las actividades de montaña sucede a medida que se consolida la declinación en los planos: ideológicos, argumentales, emotivos y prácticos de la inmensa mayoría de la dirigencia y referentes, debido a que se han sometido a las normas del mercado que exigen: seguridad, higiene, previsibilidad y normalización, detrás de una expectativa de masificación, alentada por el segmento de proveedores y respaldando a un conjunto de funcionarios que operan imponiendo restricciones y controles a fin de contener la incompetencia manifiesta de lo que ellos, despectivamente llaman "gente común".
Quienes quieran rescatar el espíritu exploratorio y expedicionario, deberán adoptar la toma de riesgo como una condición esencial de la actividad, escapar del paradigma del guiado que se ajusta a los procedimientos paternalistas que operan en casi todos los departamentos de la vida social. Claramente la tarea no será fácil y no estará libre de peligros, tal cual como ocurre en el ascenso de una montaña.

Como el plano conductual es el eslabón esencialmente distintivo del montañismo autónomo, quienes se decidan por difundir o adherir a este estilo deben compartir la idea que los ascensos, escaladas o los supuestos "cursos / salidas" guiados, constituyen una actividad turística y aun, sin poner en duda la legitimidad de los ingresos de las empresas de turismo activo ni el disfrute de los clientes, es evidente que las aberrantes prácticas que imperan en el Everest, Aconcagua, Huayna Potosí y otras locaciones convertidas en "producto montaña", que incluyen la urbanización, el sobre uso de tecnología y la disposición masiva de personal, que constituyen la clave comercial de las empresas de turismo, son la consecuencia directa del guiado, más allá que algunos miembros de esa comunidad exhiban su espanto. Una vez en la montaña, las relaciones siguen cursos a veces asombrosos, los guías en forma individual manifiestan una conducta amistosa a veces matizada con algo de admiración por los montañistas autónomos, contrastando con los comportamientos corporativos de asociaciones y empresas cuya tendencia monopólica las lleva a tratar de apoderarse del medio, acercándose al sector público adhiriendo a regulaciones, restricciones y planes de manejo leoninos que las favorecen. Por todo esto, debemos diferenciar con claridad esas prácticas del montañismo clásico autónomo, el cual gira en torno a la iniciativa individual, la toma de riesgo, cierta austeridad de medios y la construcción voluntaria y horizontal de equipos. Aceptar que el montañismo clásico promueve una modesta operación económica y que es una actividad absurda en el plano material, de la cual no puede esperarse más que satisfacciones y desarrollo personal, ayuda a reemplazar la idea de la proyección profesional que es la que ha transformado el universo del montañismo creando la dualidad funcional excluyente de guías y clientes. 
En términos prácticos, para el rescate del montañismo clásico no guiado, se ha de tomar la iniciativa en el ámbito de la formación, tal vez mirando atrás, hacía el Ventisquero Negro, aquellos cursos de escalada coordinados por montañistas para montañistas, no como las versiones modernas propuestas por los clubes colonizados por la lógica del guiado que ceden su estructura institucional como plataforma comercial para la generación de actividades turísticas o directamente han modificado su objeto social convirtiéndose en escuelas de guiado. Retomar la aventura del montañismo supone la necesaria toma de riesgo por parte de dirigentes y referentes, por ello lo mejor es que tales cargos los ocupen montañistas activos, comprometidos con la actividad desde el punto de vista cualitativo y sin intereses económicos en las actividades, porque para ellos será más fácil aceptar valiente y abiertamente que el montañismo es impredecible, agotador e inseguro, en abierto contraste con la cultura algofóbica que considera inaceptable cualquier tipo de dolor o sufrimiento y que está presente en cada rincón de la vida social, debiendo dejar claro que las normas del mercado no aportan nada a nuestro estilo, que no tiene por, ni para que ser masivo, que básicamente es una actitud distinguida frente a la adversidad, la incertidumbre y la imprevisibilidad, condiciones que caracterizan el inhóspito ambiente de las montañas, lo que otorga sentido y proyección al montañismo clásico.

Un extenso camino recorrido me ha enseñado a entender la libertad como una actitud o estado de la persona, un derecho natural y no una cualidad de las cosas, porque los objetos en si mismos no son libres ni esclavos, sino que se limitan a reflejar los estados con los que nos relacionamos con ellos. Así resulta que la libertad es una actitud y que no la puede garantizar más que nuestra conducta que no existen regulaciones ni leyes para otorgarla, por lo tanto, no se trata de montañas libres sino de montañistas libertarios, en momentos que el acceso a muchos lugares empieza a depender de la voluntad de funcionarios que exigen las credenciales de una escuela de guiado para abrir la tranquera que separa la calle de la montaña. 

miércoles, 26 de abril de 2023

Sentencia ejemplar y aclaratoria ?


El guía de alta montaña francés Christophe Profit, está siendo juzgado por el delito de robo por haber retirado unas estacas de seguridad instaladas por otros guías en una sección de la ruta normal del Mont-Blanc.

De estos hechos se desprenden varias líneas interpretativas, algunas se perderán en el bucle opaco de la confusión que caracteriza al universo de estas especialidades, confusión creada y alimentada por diversos actores algunos por conveniencia buscando conceder méritos inmerecidos a sus clientes, otros por la ignorancia que promueve el accionismo sin reflexión y otros, que por seguir la corriente más suave y sin controversia, van dejando pasar los acontecimientos en un ejercicio de conservación de sus parcelas en los espacios comunes o en las cercanías del stablishment, pocos somos críticos, muy pocos.

Los medios de comunicación especializados, que abonan las opiniones de muchos, por años han creado un ecuador que separa, por un lado el hemisferio del montañismo comercial y por otro el deportivo, desde luego no coincido con esa línea, porque todas las actividades de montañismo y casi todas las actividades humanas, hasta los matrimonios y actos religiosos pasan de una forma u otra por los presupuestos, los gastos, los depósitos y hasta los embargos. Por lo tanto, a mi entender la diferencia está en cuestiones más subjetivas y quizás más profundas, está en el campo valórico que lleva a un pequeño grupo a optar por la autonomía a sabiendas que siempre el camino a la cumbre será mas extenso y peligroso para una aficionado que para un profesional, pero mucho más meritorio y trascedente que bajo la custodia de un profesional del peligro como son los guías de montaña, quienes pueden dar mayores garantías de éxito, previsibilidad, confort, contención y sostén. La guiada, como manifestación comercial, no puede escapar a las leyes generales de la economía de mercado y mucho menos a las necesidades intrínsecas de cualquier negocio lucrativo, en principio necesita diseñar y crear productos seguros, higiénicos, garantizables, previsibles, normalizados y confortables, si se respetan estas condiciones y se tienen en cuenta cuestiones básicas como apego a los presupuestos, control de los costos fijos, discernimiento claro entre gastos e inversiones, es posible resolver los aspectos financieros dependiendo, el éxito, de la capacidad de atraer clientes, para lo cual se desarrollan ambiciosas y a veces provocativas campañas de marketing. Voy con esto, porque pretendo poner en claro porque los guías instalaron esas estacas en una ruta del Mont Blanc aunque también lo han hecho en otros lugares como la Ruta Directa del Glaciar de los Polacos en Aconcagua, sin contar las cuerdas fijas y sus respectivos anclajes en los ochomiles y muchos más sitios bajo el asedio del turismo activo, lo han hecho en su afán de diseñar y operar productos seguros, higiénicos, garantizables, previsibles, normalizados y confortables, el no hacerlo, los dejaría fuera del mercado. El otro montañismo, llámese: autónomo, clásico, expedicionario, aventurero o como cada uno quiera nombrarlo no está sometido a las leyes del comercio, no especula con la masividad, es más le estorba, mucho menos necesita esas supuestas garantías que exige la economía de mercado, su sentido cualitativo se orienta a la superación de las mayores dificultades, la incertidumbre del descubrimiento en nuevas rutas, el aislamiento, el minimalismo, el procesamiento exitoso de altísimos niveles de estrés operacional y un largo etcétera de penurias, esfuerzos y limitaciones que la sociedad de consumo rechaza de plano y las ubica en la zona de las enfermedades psiquiátricas, condenándolas a la marginalidad. De estas condiciones se desprenden las dificultades en el campo identitario, promoviendo dudas y complejos entre los aspirantes a montañistas y situaciones poco felices y contradictorias como las del guía de alta montaña Christophe Profit que se enfrenta a sus colegas por este acto “militante” que no son capaces de llevar adelante los montañistas autónomos, clásicos, expedicionarios, aventureros o como quiera nombrarlos, por la ignorancia que promueve el accionismo sin reflexión o por seguir la corriente más suave y sin controversia, dejando pasar estos los acontecimientos en un ejercicio de conservación de sus parcelas en los espacios comunes o en las cercanías del stablishment, he aquí el oscuro bucle mencionado anteriormente.

Quedar fuera de este segmento debería ser un objetivo y motivo de orgullo de los montañistas aficionados, tomar distancia de estos actos, promover el montañismo sin eufemismos, sin publicidad, sumar a los entusiasmados revelando las dificultades, peligros y limitaciones sin rubores ni complejos y rescatar el valor de la identidad como montañistas, necesita de la creación y sostenimiento de un argumento contundente, con lógica y consistente, un relato atractivo y épico, al cual debemos ser fieles para construir integridad con la que abordar a las futuras generaciones. Esto que sugiero va contra la corriente del paradigma algofobico que se derrama y penetra en la sociedad occidental, al menos. A mi particularmente no me importa la marginalidad, elijo estar lejos de esas prácticas, después de una vida subiendo montañas, muchas veces con menos que el mínimo de lo necesario, me sobra motivación y elementos para librar cada día una o varias batallas en este sentido y para invitar a otros, con sus matices y particularidades, a seguir construyendo montañismo por más molesto que sea y aun cuando los obstáculos burocráticos se multipliquen.

miércoles, 5 de abril de 2023

PERMISO PARA VIVIR ....

EXPEDICON ARGENTINA EVEREST 1971

 A partir del 1 de abril se inició una nueva temporada de primavera en Nepal con la novedad que ahora es obligatorio contratar un guía para practicar trekking en ese ríspido país, obviamente según el ministerio de turismo, la medida se toma "en beneficio de la seguridad de los turistas", hubo algunos reclamos y oposiciones dentro de Nepal pero fueron por cuestiones recaudatorias no porque a alguien se la haya ocurrido que existe una libertad natural del homo sapiens de caminar por la naturaleza por más que signifique algún riesgo, porque si de riesgos se trata, el gobierno de Nepal debería reconsiderar seriamente sus regulaciones en cuanto a transporte aéreo se refiere, por ejemplo.  

Restricciones, normas y regulaciones siempre se justifican en la necesidad de cuidar a los ineptos e incompetentes de su propia negligencia, es decir algo así como: cuidarnos a nosotros de nosotros mismos. Siempre me he resistido a estas maniobras porque siempre sospeché de cualquier ayuda o facilidad que yo no hubiese pedido expresa y concretamente, tanto en la montaña como en la ciudad, esto, debido a que me sobra olfato, tengo bastante experiencia, he vivido y resistido varias embestidas psicosociales y como muchos otros, también, recuerdo la vieja historia de los espejitos y las cuentas de colores de la conquista y saqueo de América, por lo tanto, desconfío de un proceso cuyo aspecto es ser la continuidad de la constante intensión de imponer control y sometimiento utilizando, según el periodo de la historia diversas herramientas, aunque siempre el núcleo ha sido, es y será: el miedo. Siempre creí que esta forma de pensar, de considerar la libertad, la independencia y la autonomía, me unía a una multitud de personas con similares posiciones, pero la vida me enseñó que somos, como mucho, un puñado desperdigado y desorganizado que levanta la voz, aquí y allá, casi inútilmente y con pocos resultados.

Quienes operan estas medidas, lo hacen porque su vocación es la construcción de poder, cuentan con la experiencia de siglos de privilegios y con el respaldo de algo mucho más poderoso que las nuevas tecnologías de I. A. y las omnipresentes redes sociales, cuentan con la anuencia de la gente porque las personas comunes hemos sido educadas para obedecer y temer, desde hace siglos y en una combinación de seducción, presiones y amenazas, hemos adoptado las conductas que nos llevaron al paradigma algofóbico que compartimos en la actualidad, somos un subproducto de la abundancia productiva, hijos ilegítimos de Benjamin Spoke, devotos de la diversión, el confort y el hedonismo. Es así como nos hemos acostumbrado y las mayorías claman por más control y más contención en una búsqueda obsesiva de previsibilidad, estabilidad y seguridad. Aun a sabiendas que los gobernantes imponen caprichos, por absurdos que parezcan; por comodidad, falta de buenos argumentos, debilidad de carácter, grupismo manifestado en la necesidad de ser parte de los espacios comunes y/o dificultades económicas, las personas terminan cediendo a sus mandatos.

La minoría disconforme somos considerados como células subversivas, semillas de descontento y disidencia, nos responden asediándonos, usando todos los medios a su disposición, con un hostigamiento con el que consiguen doblegar a muchos, otros sucumben a la desilusión y la desesperanza al comprobar la evidente sumisión del resto de las personas, por lo que es difícil hacerse escuchar y más difícil aun hacer valer los derechos naturales y/o constitucionales, porque a nadie parecen importarle derechos que, por defecto, exigen responsabilizarse de uno mismo. A este ritmo, pronto tendremos que pedir permiso para salir a caminar por los alrededores de nuestro barrio.

La práctica del paternalismo se sumerge en lo profundo de la historia, tiene raíces ancestrales y su implementación está en relación a ¿cuáles son las expectativas de libertad de las mayorías?, mayorías que, habitualmente, eligen ocupar un lugar de sumisión en este reparto de roles, por la comodidad de ceder su iniciativa, no confrontar y/o no marcar diferencias que lo identifiquen como disidente o ajeno al bien común, casualmente el menos común de todos los bienes. En este sentido, un poco más de dos años de vivir bajo las condiciones de pandemia, ha servido a los constructores de poder de toda estirpe, neoliberales, comunistas, islamistas, capitalistas, socialdemócratas, nacionalistas, socialistas o lo que sea que nos toque en el poder de cada rincón, por remoto que sea, porque en esta ocasión ha sido de alcance global, para licuar toda resistencia, someter a los aparentemente más revoltosos, a los más prudentes, a los antisistema y a los religiosos más fanáticos de manera objetiva, sin dejar lugar a dudas, lo hicieron, como siempre, incentivando el miedo y el temor, despertando fobias y provocado una sensación de inseguridad e incertidumbre creciente, lo que derivó en la búsqueda obsesiva de protección y contención, consolidando la victimización con la necesidad de trasladar a otros la propia responsabilidad. Así, obtener “un permiso” se ha convertido en un paso obligado para cualquier acción, esto aleja a las personas de la decisión de tomar su iniciativa, emprender y correr riesgos, porque los ha hecho cada vez más dependientes, los transformó en niños, en esclavos sin coraje que escapan a la responsabilidad y huyen a los brazos protectores del amo ante el mínimo peligro o amenaza.

Quien leyó la primera sección del libro "Método Expedicionario", conocerá mi opinión. He advertido con claridad esta tendencia nefasta cuyas consecuencias abarcan todo el espectro de las actividades humanas, siendo el trekking algo casi insignificante frente al desastre mayor que es el establecimiento de un totalitarismo blando y servicial que crece en silencio y con la complacencia de las masas.

Estas son las estrategias del siglo XXI, con un sistema de producción ultra eficaz que pronto dejará fuera la mayor parte de la mano de obra humana, han tenido que renovar el espectro de las amenazas y se han puesto de acuerdo casi todos detrás de un gran invento; el paternalismo libertario, creado hace varias décadas como motor del estado de bienestar, un modelo que evolucionó, se profundizo e hizo más rentable. Descubrieron que ya no conviene confrontar a las masas con sus necesidades, tampoco amenazarlas ni reprimirlas, es mucho más eficaz, social y económicamente hablando: "cuidarlas", esto permite un mayor y más estrecho control, evitando enfrentamientos y desgaste innecesario de energía. Cada beneficio por pequeño que sea es pagado de alguna manera por el capital, propietario de los medios de producción tradicionales, de la energía, las redes de comunicación, sistemas de comercialización, innovación tecnológica, farmacéutica y educación, esto ocurre tanto en China como en USA, en Japón o Cuba, a cambio, estos contribuyentes, reciben hilos de control, que comparten con gobernantes adictos a los trajes caros, los autos veloces, los perfumes, las playas de arenas blancas y aguas cristalinas, los vinos costosos, el arte exótico, los banquetes y los yates de más de 30 metros de eslora, en definitiva al dinero y a la sensación de poder, de esa manera en una simbiosis muy pragmática, disfrutan de manejar, cual títeres, a lo que ellos llaman, despectivamente, gente común, un eufemismo para no llamarnos lisa y llanamente: ganado.

De este lado, del de abajo digo, las respuestas no son nada más que lo que los poderosos indican, la disidencia controlada como se dice. En China son anticomunistas en Canadá anticapitalistas y la gente se sumerge en una sopa de confusión preparada por los medios de comunicación y el sistema político,   poniendo como principal objetivo su bienestar dejando de lado la libertad, porque ser libre acarrea muchas responsabilidades e inconvenientes y se piensa que de verdad no vale la pena. Entonces, un día cualquiera, cuando se ha naturalizado el sometimiento, te encuentras en la fila que conduce a la oficina que otorga los permisos para alejarse más de cuatro manzanas de tu domicilio, agradecido que te dejen marchar tan lejos y a la vez tan seguro.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Todo cambia ...



Temprano, sintiendo el aire fresco y el olor a leña de eucaliptus, caminaba por la avenida Luzuriaga, en junio de 1988, buscando un lugar donde tomar mi primer desayuno en Huaraz. 
Me dirigí al restaurant Vigorito, pero antes de llegar a su puerta, tropecé con una nutrida expedición, con sus mochilas, piquetas y carpas a cuestas, no me había imaginado ver tal espectáculo, ni siquiera en Bariloche era posible verlo por aquel entonces, porque el turismo era muy burgués, muy convencional y no se veían estas cosas, el montañismo era exclusivo de un pequeño grupo bien identificado por sus atuendos, porque no se vendía The North Face, Fugate o Ciesse Piuimi en los supermercados, era ropa exclusiva para gente de montaña. Me acerqué, por pura curiosidad, a esos rudos montañistas que estaban tratando de contratar una camioneta en la agencia Azul Tours, para que los lleve a Musho, ya que iban al Huascarán. Pasé varios meses en el callejón de Huaylas y esa escena se repetía casi a diario o a diario. Expediciones de Checoslovaquia, Italia, norteamericanos, del activo Club Andino Peruano, españoles, japoneses, franceses, eslovenos, mejicanos, vascos y de los lugares más recónditos del planeta, en su gran mayoría expediciones de clubes o de grupos de amigos, autogestionadas, que se ocupaban de todos los detalles, transportes, alojamiento, comida, elección de las vías de ascenso y transportaban su propio equipamiento, el que después de concluir la temporada, vendían en las tiendas o a los sudamericanos que no teníamos fácil acceso a equipamiento nuevo. Las guiadas, si bien ya estaban organizadas a través de la flamante Casa de Guías, solo eran un porcentaje menor de la actividad, lo más vigoroso eran esas expediciones con logos de sponsors en sus camperas y la mirada característica de la gente que toma decisiones que incluyen riesgo, gente decidida, audaz, fuerte y tenaz, es decir: “montañeros” de verdad, con una clara identidad que los caracterizaba sin lugar a dudas ni matices.

Seguí yendo con regularidad a la Cordillera Blanca y también a otras montañas y fui testigo de los cambios, cambios que respondieron a la evolución de la conducta humana en todos los ámbitos. La vida se hizo cada vez más previsible, más estable y confortable en todos lados, para el final del siglo XX la abundancia de medios y bienes alcanzó escala global, la cultura de la seguridad se convirtió en devoción, ese culto llevó a una desvalorización de la épica y con ello se perdió de vista la importancia de los medios, del proceso y de la ética que empleamos para conseguir los fines, en cambio prevaleció la idea de la diversión, la inmediatez y el resultado.

En la misma medida que en otros ámbitos se afianzaba el paternalismo, con más restricciones, normas y controles para hacer más segura y previsible la vida, en la montaña se naturalizaba e imponía la lógica de quienes quieren escapar a toda costa del peligro, del sacrificio y el sufrimiento y gozar de la estética y la cosmética del alpinismo, tendencia que fue aprovechada por los que bregaban por la masificación del montañismo: las empresas de turismo activo y la mayor parte de los clubes de montaña, adhiriendo al relato imperante en estos tiempos de no correr riesgos, actuar sin argumentar y conseguir méritos de utilería, escapando a los tediosos y extensos procesos con ritos, esperas, aprendizajes e iniciaciones que son indispensables para dominar un oficio complejo como el alpinismo, esa es, posiblemente, la causa de la declinación del montañismo no guiado y de otras aventuras, como también es el origen de la proliferación de prestadores de servicio que urbanizan las montañas, se profesionalizan cada vez más y utilizan el máximo de tecnología posible con tal de garantizar seguridad y resultados, como argumento de convocatoria, fielmente acompañados por los gestores de políticas públicas que ven en las regulaciones y controles una oportunidad de detener el ejercicio de la osadía y la libertad de arriesgar de la ovejas descarriadas, pésimo y peligroso ejemplo de autonomía e independencia que debe ser censurado en nombre del bien común. Por ello el montañismo, llamémosle clásico, aunque el nombre más justo seria de aventura, es casi una extravagancia, sobre todo en los destinos donde se comparten campamentos y/o rutas de ascenso con los turistas de montaña, grupos desenfadados con vestimenta y equipo de rental y que no han tomado otra decisión que elegir la empresa que los lleve, cuyo interés mayormente solo es alcanzar tal o cual cumbre o los recientemente aparecidos atletas de la velocidad que van de cumbre en cumbre sin escatimar medios técnicos, empleados, maquinas ni promociones "on line", todos ellos con el común denominador que la historia ni las tradiciones del montañismo les mueven un pelo.

También es cierto que nunca se han derramado tsunamis de valor y osadía por el mundo, nunca fue masivo el montañismo ni otras actividades de riesgo, por el riesgo precisamente, el hecho de querer masificarlas es lo que, en parte, ha motorizado estos cambios.

Afortunadamente existe un segmento de personas que mantienen viva la llama de la aventura en las montañas, algunos con algo de reconocimiento, la mayoría anónimos o marginales, porque hasta algunas marcas de vestimenta y equipo de alpinismo rehúyen a vincularse con el riesgo que significan los objetivos de los pocos que intentan cosas nuevas y peligrosas, como le pasó a Steph Davis cuando Power Bar se retiró de su cartera de patrocinadores porque arriesgaba mucho. También pervive un grupo que lee un libro de Livingston, Mummery o Bonatti y se inspira, que valora la dificultad, los peligros, los medios y las condiciones reinantes en un recorrido como elementos constitutivos del mérito que contiene un resultado. Gente con espíritu explorador e inquieto, sin miedo a la precariedad, con capacidad de improvisación que poseen actitud resolutiva que aun sin poseer esos cuerpos extremadamente fuertes, conseguidos con los progresos de la medicina y sistemas de entrenamiento a tiempo completo, lo que tal vez los sentirse precariamente preparadas, estarían dispuestas a acudir a la cita de Shakleton, que ofrecía, desde una modesta oficina en Londres en medio de la crisis de la primera guerra mundial, un puesto para sufrir en el Endeavor.

Nos balanceamos en la ecuación entre prudencia e inquietudes de exploración, entre el ser conservador que no quiere cambios y las ansias de ir más allá de lo conocido, entre un llamado ancestral de la naturaleza y la suavidad del sofá. Los nuevos exploradores nacen de la sospecha que más allá de la contención y cuidados de la urbanidad se extiende un mundo inhóspito, pletórico de sensaciones y desafíos, en el cual quieren arriesgarse, inteligentemente, pero arriesgarse, sin intención de profesionalizarse como deportistas ni como prestadores de servicios, atraídos por la idea de adaptarse para coexistir con la incertidumbre, la adversidad, las privaciones y las exigencias del insidiosamente hostil mundo de las montañas y las áreas remotas del planeta.